El lugar cobijaba todo tipo de maravillas: inconcebibles prendas de vestir, las mayores delicias culinarias o bebidas llegadas de los más lejanos lugares, que asemejaban ser vinos o cervezas de apariencia normal, pero con una fabulosa e incomprensible composición. Sólo en un sitio bañado por los poderes arcanos podía convertirse el polvo en vino.
Era, cómo no, el Sabeco de Haro, y una vez, hace años, compramos allí un huevo mágico. Tú pensabas en algo, lo que fuera; cualquier cosa que cupiera en tu mente, desde un velocirraptor hasta los pelos del culo, y, tras veinte preguntas a las que debías responder sí o no, el huevo mágico adivinaba en qué estabas pensando. Ésa era su magia.
Ayer comprobé que la idea se ha llevado a la tele. 20p, lo llaman. Al huevo mágico lo han convertido en una especie de i-pod gigante y le han dado la personalidad de una arpía. Como si no hubiera ya bastantes zorras en televisión.
Hoy, Bilis les transcribe, palabra por palabra, el singular combate entre el concursante y el huevo mágico venido a pantalla de plasma zorrona, y sus consecuncias finales.
1. ¿Es un hombre? Sí.
2. ¿Es español? También.
3. ¿Es médico? No.
4. ¿Es sexador de pollos? No.
5. ¿Es agricultor? No.
6. ¿Es gigoló? No.
7. ¿Es obrero? No.
8. ¿Es deportista? No.
9. Ahora que sabemos que no hace deporte... ¿juega en el Real Madrid? No.
10. ¿Es actor? No.
11. ¿Es encantador de serpientes? No.
12. ¿Es terrorista? No.
13. ¿Es tertuliano de análisis político con capacidad para opinar de cualquier tema remuneradamente, y no por la simple ansia de tocar los huevos como hace un servidor? Va a ser que no.
14. ¿Es tornero-fresador? No.
15. ¿Es periodista? No.
16. ¿Es astronauta? No.
17. ¿Es arquitecto? No.
18. ¿Es escritor? No.
19. ¿Es obispo y/o cura ? Tampoco
Quizás en otro tiempo y en otro lugar, una vez llegados a este punto, en que casi todas las profesiones conocidas habían sido ya eliminadas, el número de respuestas posibles se hubiera reducido lo suficiente como para que la maquinita o el concursante estuvieran a punto de ganar.
Aquí, en este país plagado de políticos ineptos cuyo trabajo resulta inclasificable al reducirse a la más completa nada, y en el que ser famoso porque sí es una profesión en sí misma, las posibles respuestas ascendían a cuatro millones seiscientos cuarenta y cinco mil doscientos uno. Quitando a los cuatro millones y pico de parados sin otra ocupación que escribir blogs como éste, aún quedaban otro medio millón de tipejos antes de que el concursante formulara su última pregunta.
20.¿Es gordo, feo, de madre hirsuta, y se pasa la noche bebiendo cubatas rodeado de guarras que tan sólo buscan en él la popularidad que sólo en un lugar tan lamentable como España, donde cualquier excremento humano que ni haya hecho ni sienta la necesidad de hacer nada de provecho para sí mismo o su prójimo puede convertir su nimio parasitismo en una forma de vida merced a la estupidez de la prensa rosa y de todos aquellos compatriotas que no tienen otra cosa mejor que hacer que seguir las andanzas de semejantes payasos, un tipo así puede ofrecerles? Sí
¡Es Paquirrín!, respondió el concursante. Y se llevó seis mil euros para casa.
viernes, 15 de mayo de 2009
lunes, 11 de mayo de 2009
'Magister' Muñoz
Doce de la mañana, hora Zulú. Lugar: Universidad Rey Juan Carlos, monarca campechano, Madrid, Spain. Fecha: tampoco pidan tanta información, que esto es Bilis, no la Agencia Efe.
Un bigote y unas gafas de sol. Tras todo ello, un hombre visiblemente reconfortado al saberse objetivo de todas las cámaras, a las que sonríe burlón y saluda respetuosamente, entra en una sala abarrotada.
Se sienta en la mesa principal, junto a un periodista que será el encargado de impartir un curso a los alumnos que componen el auditorio. Pero el periodista es sólo uno más en la sala. La estrella es él, y lo sabe.
Y así, con el desparpajo de quien está acostumbrado a lidiar con reporteros de lengua tan mordaz como para preguntarle su opinión acerca de las últimas declaraciones de Pitita Ridruejo -ni sé quién es- o si es muy duro tener que quedarse en casa, robando solo y aburrido, mientras Isabel continúa con su gira triunfal y consigue un nuevo lleno en el Madison como telonera de Eminem, Julián se va ganando a la concurrencia.
Con teatral pericia demuestra el sobresaliente dominio de la situación de quien ha acumulado en los últimos años todos los hitos a los que un buen español puede aspirar: delfín de Gil y Gil en el sultanato marbellí; padrastro del icono erótico hispano del nuevo siglo, el ultimate latin lover Kiko Rivera, alias Paquirrín; y pareja sexual de la indiscutible reina de la copla -échenle un poco de imaginación, pónganse en situación (finca Mi Gitana, la habitación grande, cama con colchas de seda) y lobotomícense el hemisferio de su cerebro en el que haya quedado grabada la recreación del Muñoz y la Pantoja probando un colchón a cuatro patas.
Todo sigue este maravilloso proceder que culmina con nustro héroe saliendo a hombros de una multitud de enfervorecidos estudiantes que aspiran, el día de mañana, a tener una caja en la que poder meter mano de la forma en que el maestro Julián les ha enseñado.
Pero la vida es sueño, y todo esto quedará para siempre en onírica recreación de la España más cutre y sórdida, la de la charanga y la pandereta, la que ignora a sus eminencias científicas pero que pasea a sus monstruos circenses por los atrios de las universidades, porque la URJC ha suspendido el show.
El curso Periodismo y corrupción política se queda sin la participación del señor Julián Muñoz, ex-alcalde de Marbella, y actual recordman mundial en número de delitos cometidos y causas de corrupción pendientes de jucio y/o sentencia, y a cambio recibe el apoyo del rector de la URJC, que, en la declaración más cursi desde que la mesa nacional de HB mostró su apoyo a la presencia de palestinos fucsias en la kale borroka, asegura que su universidad "respalda el combate de las instituciones del Estado de Derecho contra la corrupción política". Más cursi e implosionamos todos, señora.
Pero me temo que la cancelación no ha sido por un convencimiento personal del rector, que cree que una persona que ha aprovechado un puesto público para el que había sido democráticamente elegido para robar al contribuyente no tiene cabida en la universidad, sino porque la presión mediática y la estúpida corrección política desaconsejaban seguir con el tema. Vamos, que al rector de la URJC, al director del curso, o al bedel de la facultad de derecho, la polémica suscitada les ha venido grande, se han hecho caquita y han evitado uno de los momentos que, a buen seguro, hubiera estado en el podio de la tradición humorística española.
Los alumnos se quedan sin conocer de primera mano los entresijos de la corrupción, y los de Sé lo que hicistéis... sin material para los próximos dos años de programa. Los únicos agradecidos ante esta cancelación son los del sindicatos de trabajadores de la limpieza de la Universidad Rey Juan Carlos, que respiran aliviados tras unos dias de temor e incertidumbre ante la posibilidad de verse obligados a tener que reoger los desperdicios del suelo tras la visita del ex-alcalde marbellí, dadas las altísimas posibilidades de que don Julián saliera de la universidad llevándose hasta los ceniceros, robo factible dada la amplitud que se supone a los bolsillos de un tipo que acostumbra a llevar los pantalones a la altura de los sobacos.
Ante la cancelación, desde Bilis, siempre tan propensos a ponernos del lado de la minoría -o a tocar los cojones llevando la contraria, que en este caso viene siendo similar-, no solo pedimos que el rector de la Rey Juan Carlos reconsidere su postura y vuelva a incluir al ínclito señor Muñoz en la programación de sus cursos de corrupción política, sino que, continuando con esta plausible tendencia de acercar la universidad a las calles a través de gentes que, en primera persona, hayan sido protagonistas de las materias que allí se imparten, se creen nuevos cursos, seminarios, ponencias y por qué no, asignaturas troncales de duración anual acerca de los más variopintos temas de acuciante interés en la España actual; empezando por el presidente del PNV dando lecciones sobre la aceptación de la derrota electoral, siguiendo por un máster sobre gestión deportiva a cargo de Ramón Calderón, y culminando con Rouco Varela al frente de un curso sobre la importancia del cilicio en el mantenimiento de la correcta moral católica o con Zapatero en uno de sumas con llevadas.
Predigo clases llenas, cafeterías vacías y un ansia inusitada en la toma de apuntes. Todo ello por el módico precio de sacar a los payasos de las calles y meterlos en las aulas.
Un bigote y unas gafas de sol. Tras todo ello, un hombre visiblemente reconfortado al saberse objetivo de todas las cámaras, a las que sonríe burlón y saluda respetuosamente, entra en una sala abarrotada.
Se sienta en la mesa principal, junto a un periodista que será el encargado de impartir un curso a los alumnos que componen el auditorio. Pero el periodista es sólo uno más en la sala. La estrella es él, y lo sabe.
Y así, con el desparpajo de quien está acostumbrado a lidiar con reporteros de lengua tan mordaz como para preguntarle su opinión acerca de las últimas declaraciones de Pitita Ridruejo -ni sé quién es- o si es muy duro tener que quedarse en casa, robando solo y aburrido, mientras Isabel continúa con su gira triunfal y consigue un nuevo lleno en el Madison como telonera de Eminem, Julián se va ganando a la concurrencia.
Con teatral pericia demuestra el sobresaliente dominio de la situación de quien ha acumulado en los últimos años todos los hitos a los que un buen español puede aspirar: delfín de Gil y Gil en el sultanato marbellí; padrastro del icono erótico hispano del nuevo siglo, el ultimate latin lover Kiko Rivera, alias Paquirrín; y pareja sexual de la indiscutible reina de la copla -échenle un poco de imaginación, pónganse en situación (finca Mi Gitana, la habitación grande, cama con colchas de seda) y lobotomícense el hemisferio de su cerebro en el que haya quedado grabada la recreación del Muñoz y la Pantoja probando un colchón a cuatro patas.
Todo sigue este maravilloso proceder que culmina con nustro héroe saliendo a hombros de una multitud de enfervorecidos estudiantes que aspiran, el día de mañana, a tener una caja en la que poder meter mano de la forma en que el maestro Julián les ha enseñado.
Pero la vida es sueño, y todo esto quedará para siempre en onírica recreación de la España más cutre y sórdida, la de la charanga y la pandereta, la que ignora a sus eminencias científicas pero que pasea a sus monstruos circenses por los atrios de las universidades, porque la URJC ha suspendido el show.
El curso Periodismo y corrupción política se queda sin la participación del señor Julián Muñoz, ex-alcalde de Marbella, y actual recordman mundial en número de delitos cometidos y causas de corrupción pendientes de jucio y/o sentencia, y a cambio recibe el apoyo del rector de la URJC, que, en la declaración más cursi desde que la mesa nacional de HB mostró su apoyo a la presencia de palestinos fucsias en la kale borroka, asegura que su universidad "respalda el combate de las instituciones del Estado de Derecho contra la corrupción política". Más cursi e implosionamos todos, señora.
Pero me temo que la cancelación no ha sido por un convencimiento personal del rector, que cree que una persona que ha aprovechado un puesto público para el que había sido democráticamente elegido para robar al contribuyente no tiene cabida en la universidad, sino porque la presión mediática y la estúpida corrección política desaconsejaban seguir con el tema. Vamos, que al rector de la URJC, al director del curso, o al bedel de la facultad de derecho, la polémica suscitada les ha venido grande, se han hecho caquita y han evitado uno de los momentos que, a buen seguro, hubiera estado en el podio de la tradición humorística española.
Los alumnos se quedan sin conocer de primera mano los entresijos de la corrupción, y los de Sé lo que hicistéis... sin material para los próximos dos años de programa. Los únicos agradecidos ante esta cancelación son los del sindicatos de trabajadores de la limpieza de la Universidad Rey Juan Carlos, que respiran aliviados tras unos dias de temor e incertidumbre ante la posibilidad de verse obligados a tener que reoger los desperdicios del suelo tras la visita del ex-alcalde marbellí, dadas las altísimas posibilidades de que don Julián saliera de la universidad llevándose hasta los ceniceros, robo factible dada la amplitud que se supone a los bolsillos de un tipo que acostumbra a llevar los pantalones a la altura de los sobacos.
Ante la cancelación, desde Bilis, siempre tan propensos a ponernos del lado de la minoría -o a tocar los cojones llevando la contraria, que en este caso viene siendo similar-, no solo pedimos que el rector de la Rey Juan Carlos reconsidere su postura y vuelva a incluir al ínclito señor Muñoz en la programación de sus cursos de corrupción política, sino que, continuando con esta plausible tendencia de acercar la universidad a las calles a través de gentes que, en primera persona, hayan sido protagonistas de las materias que allí se imparten, se creen nuevos cursos, seminarios, ponencias y por qué no, asignaturas troncales de duración anual acerca de los más variopintos temas de acuciante interés en la España actual; empezando por el presidente del PNV dando lecciones sobre la aceptación de la derrota electoral, siguiendo por un máster sobre gestión deportiva a cargo de Ramón Calderón, y culminando con Rouco Varela al frente de un curso sobre la importancia del cilicio en el mantenimiento de la correcta moral católica o con Zapatero en uno de sumas con llevadas.
Predigo clases llenas, cafeterías vacías y un ansia inusitada en la toma de apuntes. Todo ello por el módico precio de sacar a los payasos de las calles y meterlos en las aulas.
martes, 5 de mayo de 2009
Hijos de puta
Tenía ganas de titular una entrada así. Hoy es el día y la excusa para el odio es un chavalín de cinco años.
El niño, que se llama Juanma, sufre una extrañísima enfermedad que tan sólo se da en una persona entre un millón. Esta escasez de pacientes hace que las posibles curas no se estudien, o bien tarden mucho en desarrollarse. La industria farmacéutica, la tercera más rentable del mundo tras la armamentística y el tráfico de drogas, no invierte en estos casos, de la misma manera que tampoco invierte en fármacos antivirales para el sida o la hepatitis. En estos casos los enfermos se cuentan por millones, pero millones de pobres representan los mismos ingresos que un único niño enfermo. O sea, nada.
Pues bien, la enfermedad, conocida como síndrome de Alexander -y que, al parecer, nada tiene que ver con Hleb, el tipo que pasea ridículamente por la banda derecha del Nou Camp y al que el hecho de tener a don Andrés Iniesta a menos de treinta metros no deja en muy buen lugar-, se trata de una enfermedad neurodegenetariva que, si fármacos de nueva generación no lo evitan, dejará al chiquillo en estado vegetativo en poco tiempo.
La posible cura cuesta millones de pesetas, y la están desarrollando científicos de una universidad estadounidense, pero la guita tienen que ponerla los padres de Juanma. Para conseguir el dinero, y como son gente humilde -ella, ama de casa; él, camionero-, la familia se mueve, buscándose la vida de las maneras más insólitas. Pero también recibe las aportaciones de otros muchos que, desde sus propias posibilidades, tratan de colaborar con la causa: una chica guipuzcoana que hace pulseras a euro y envía los beneficios, obreras que cada mes ingresan lo que pueden, o estrellas de la música pop como David Bisbal, que dio un concierto en Roquetas de Mar por la jeta, recaudando cincuenta mil euros que donó íntegramente a la familia.
Así, una vez puestos ustedes en los mismos antecedentes que tengo yo tras leer la web de El Mundo (si citamos aquí a El Karma, por qué no lo íbamos a hacer con éstos. Al fin y al cabo, desde ambas publicaciones se les hace la campaña electoral a algunos partidos; en el caso de los chicos de Pedo Jota, creo que el partiducho se llama Pepé, o algo así), puestos en antecedentes, decía, se preguntarán ustedes qué hay susceptible de ser odiado en una historia de superación personal y lucha de una familia humilde que se ve ayudada por gentes desinteresadas a los que no conocen o por artistas famosos que tratan de aportar desinteresadamente sus cincuenta mil granitos de arena.
Pues, con música y dinero de por medio, la infamia no podía venir de otro lugar que la SGAE. La Sociedad General de Autores de España reclamó a la familia, por escrito y antes incluso de realizarse en concierto benéfico de Bisbi, la tajada que les correspondía. El diez por ciento ni más ni menos. La cantidad total es lo de menos; da igual si es mucho o poco, ni siquiera merece la pena valorar el hecho de que esos cinco mil euros no le suponen nada a la millonaria SGAE, pero que son una fortuna para la familia de Juanma, que recopila céntimo a céntimo las esperanzas de salvar a su hijo.
Y, después de semejante infamia, de la que probablemente sea la mayor de las infamias que puedo imaginar, robar su dinero a un pobre niño enfermo, los de la SGAE aún tienen la jeta de decir que lo hicieron "porque es su obligación". Es difícil comentar nada ante tan vergonzante comportamiento, y es imposible hacerlo ante su estúpida justificación. ¿Cuál sería la obligación del padre de Juanma? ¿Tomarse la justicia por su mano y poner rumbo a la sede de la Sociedad de Autores cinturón de cartuchos al hombro y trabuco en mano para poner los puntos sobre las íes?
De momento yo, desde Bilis, me cagó en la puta madre de estos rateros asesinos de niños y, por si acaso el hecho de defecar sobre personas físicas también se ve gravado con el impuesto revolucionario de estos avariciosos sin corazón, también me jiño en sus muertos, los frescos y los secos, que por hacérmelo sobre esos seguro que no cobran canon.
El niño, que se llama Juanma, sufre una extrañísima enfermedad que tan sólo se da en una persona entre un millón. Esta escasez de pacientes hace que las posibles curas no se estudien, o bien tarden mucho en desarrollarse. La industria farmacéutica, la tercera más rentable del mundo tras la armamentística y el tráfico de drogas, no invierte en estos casos, de la misma manera que tampoco invierte en fármacos antivirales para el sida o la hepatitis. En estos casos los enfermos se cuentan por millones, pero millones de pobres representan los mismos ingresos que un único niño enfermo. O sea, nada.
Pues bien, la enfermedad, conocida como síndrome de Alexander -y que, al parecer, nada tiene que ver con Hleb, el tipo que pasea ridículamente por la banda derecha del Nou Camp y al que el hecho de tener a don Andrés Iniesta a menos de treinta metros no deja en muy buen lugar-, se trata de una enfermedad neurodegenetariva que, si fármacos de nueva generación no lo evitan, dejará al chiquillo en estado vegetativo en poco tiempo.
La posible cura cuesta millones de pesetas, y la están desarrollando científicos de una universidad estadounidense, pero la guita tienen que ponerla los padres de Juanma. Para conseguir el dinero, y como son gente humilde -ella, ama de casa; él, camionero-, la familia se mueve, buscándose la vida de las maneras más insólitas. Pero también recibe las aportaciones de otros muchos que, desde sus propias posibilidades, tratan de colaborar con la causa: una chica guipuzcoana que hace pulseras a euro y envía los beneficios, obreras que cada mes ingresan lo que pueden, o estrellas de la música pop como David Bisbal, que dio un concierto en Roquetas de Mar por la jeta, recaudando cincuenta mil euros que donó íntegramente a la familia.
Así, una vez puestos ustedes en los mismos antecedentes que tengo yo tras leer la web de El Mundo (si citamos aquí a El Karma, por qué no lo íbamos a hacer con éstos. Al fin y al cabo, desde ambas publicaciones se les hace la campaña electoral a algunos partidos; en el caso de los chicos de Pedo Jota, creo que el partiducho se llama Pepé, o algo así), puestos en antecedentes, decía, se preguntarán ustedes qué hay susceptible de ser odiado en una historia de superación personal y lucha de una familia humilde que se ve ayudada por gentes desinteresadas a los que no conocen o por artistas famosos que tratan de aportar desinteresadamente sus cincuenta mil granitos de arena.
Pues, con música y dinero de por medio, la infamia no podía venir de otro lugar que la SGAE. La Sociedad General de Autores de España reclamó a la familia, por escrito y antes incluso de realizarse en concierto benéfico de Bisbi, la tajada que les correspondía. El diez por ciento ni más ni menos. La cantidad total es lo de menos; da igual si es mucho o poco, ni siquiera merece la pena valorar el hecho de que esos cinco mil euros no le suponen nada a la millonaria SGAE, pero que son una fortuna para la familia de Juanma, que recopila céntimo a céntimo las esperanzas de salvar a su hijo.
Y, después de semejante infamia, de la que probablemente sea la mayor de las infamias que puedo imaginar, robar su dinero a un pobre niño enfermo, los de la SGAE aún tienen la jeta de decir que lo hicieron "porque es su obligación". Es difícil comentar nada ante tan vergonzante comportamiento, y es imposible hacerlo ante su estúpida justificación. ¿Cuál sería la obligación del padre de Juanma? ¿Tomarse la justicia por su mano y poner rumbo a la sede de la Sociedad de Autores cinturón de cartuchos al hombro y trabuco en mano para poner los puntos sobre las íes?
De momento yo, desde Bilis, me cagó en la puta madre de estos rateros asesinos de niños y, por si acaso el hecho de defecar sobre personas físicas también se ve gravado con el impuesto revolucionario de estos avariciosos sin corazón, también me jiño en sus muertos, los frescos y los secos, que por hacérmelo sobre esos seguro que no cobran canon.
martes, 28 de abril de 2009
La estulticia creciente de un meteorólogo cualquiera
Si ustedes, mis apreciados lectores cuyos comentarios agradezco e insto a prodigar más, me preguntaran acerca de algo que, sin ser causa o efecto de un especial mal sobre alguien, sea sin embargo objeto de mis más iracundas reacciones, servidor habría de responderles que ese algo es, sin duda, el mejor club del mundo en el siglo veinte, la máquina blanca, la gloria deportiva que campea por España con su limpia bandera, la metáfora que representa a la verdadera patria y los buenos españoles... en pocas palabras: el Real Madrid Club de Fútbol.
Pero ante la posibilidad real de que, decantándome por el Madrid, estuviera cometiendo el desliz de no cumplir uno de los escasos preceptos incluídos en la realización de la pregunta primigénea, ya que no es nada seguro que el Real Madrid no sea causa y/o efecto de un especial mal sobre alguien -este próximo fin de semana, y si don Andrés Iniesta no lo remedia, su repulsivo juego puede ser causa de mucho mal sobre los simpatizantes de cierto equipo azulgrana-; ante esa posibilidad, digo, habría de elegir otra respuesta. Y héla aquí, protagonizando la última entrada bílica de este mes abril, surgida, para variar, del odio que siento hacia ciertas cosas que para el grueso de la población quizás no sean especialmente repudiables. Pero el grueso de la población no tiene un blog en el que debe expresar semanalmente sus fobias.
Señoras y señores, queridísimos sapiens, no soporto, me saca de quicio, odio, en fin, la utilización simultánea de dos idiomas, empleada con especial virulencia en lo que al nombre de las localidades se refiere, colocando toponimia de dos lenguas disintas en la misma frase, el mismo mapa, etc.
¿Por qué cojones, si una persona está hablando en castellano, ha de decir Girona o Donostia? Es tan brutalmente absurdo como lo sería que alguien que se estuviese expresando en vasco dijera San Sebasián en medio de su frase, o que un catalán metiese Lérida en lugar de Lleida camuflada al usar su idioma.
Y no me vengan con que catalán, gallego, vasco y turolense son lenguas oficiales de España. Introducir palabras de un idioma mientras se está hablando otro en el que esas palabras tienen su forma de expresarse es, directamente, de retrasados mentales. ¿O no les parecería que a un corresponsal que iniciara su crónica con un "Buenas tardes desde London" le falta un hervor? O dos o tres.
Opino que todo se debe a estúpidos complejos, a que determinados pringadillos con atribuciones sorprendentemente elevadas para su capacidad intelectual han identificado todo lo que huele a España con rancia ultraderecha (no les falta razón, pero prácticamente todo lo que huele a política es identificable con fascismo, y en eso no reparan), pero el castellano es simplemente un idioma que nada sabe de política y no tiene la culpa de haber sido utilizado como emblema de ficticios imperios por dictadores ferrolanos.
En definitiva, que mezclar dos idiomas en el mismo contexto es tan ridículo y viene basado en tonterías tan sublimes, que me resulta desquiciante. Pero como soy un buen demócrata y amo las flores y los pajarillos, no me compraré una recortada e iré plató por plató decorándoles el cráneo con perdigones a todos los que diseñan, por ejemplo, los mapas del tiempo. (Que conste que, a pesar del título de la entrada, dudo que gente como Maldonado o el ínclito Brasero tengan nada que ver con los nombres que les ponen a los pueblecitos).
En su lugar, y ya puestos a escribir la toponimia mezclándolo todo como les sale de los mismísimos cojones, opino que deberían de obrar aplicando el idioma nativo para absolutamente todos los lugares del orbe. ¿O es que acaso los gallegos y los catalanes tienen derecho a ver sus pueblos y ciudades rotulados en la oprimida lengua de sus ancestros y, sin embargo, los valencianos no?
Alacant, Castelló y València, con su molón acento hacia atrás, a lo gabacho. ¿Y por qué Vitoria-Gasteiz sí y no Bilbo, Biasteri o Tutera? (Que ahí donde lo ven, son Laguardia y Tudela. Otro día hablaré, si tengo ganas, acerca del mejor oficio del mundo, ser encargado de toponimia de la Academia Vasca de la Lengua, cuyo trabajo consiste en revisar antiguos manuscritos de la época previa a la conquista castellana y la instauración de la represión y después, echarse unos txikitos entre pecho y espalda e inventarse nombres tan elaborados como la mencionada Tutera).
Pero, sin desviar la atención al asunto fundamental de esta entrada, desde Bilis quiero iniciar una campaña pidiendo la total utilización de la toponimia nativa. Que proliferen términos como Cevilla, Xixón, Leganéj o Graná. Y que en los mapas del tiempo la capital de Aragón sea denominada de la forma en que el oprimido pueblo maño -a esos sí que la unión con Castilla y la actual preponderancia económica catalana han arruinado su gloriosa historia medieval- ha llamado siempre a su ciudad. O sea, Zárágózá, acentuada en todas sus sílabas. Y que sea rotulada con mayúsculas bien grandes, para que se entienda que lo dicen gritando.
Y yendo más allá, si he de soportar lo que para mis opresores oídos de castellanoparlante resulta cacofonísima expresión como es A Coruña, les dos doy opciones antes de comenzar la lucha armada: o bien los españoles se buscan un idioma y dejan el castellano como lengua nativa en La Rioja -o mejor aún, nativa tan sólo del valle del Cárdenas, o sólo de San Millán de la Cogolla, puestos a fomentar localismos paletos lo hacemos como Dios manda- o serigrafían desde ya todas las señales de tráfico en nuestra lengua autóctona.
Ya lo saben, les doy dos meses para que obsequien a mi vista con carteles en los que se lea Güércanos, Bañitos, La Aldea, Caláurra, Ribaflecha, Recílla, Beloráu u Ojoculo. Si no, buscaré la recortada.
Tiembla, Mario Picazo.
Pero ante la posibilidad real de que, decantándome por el Madrid, estuviera cometiendo el desliz de no cumplir uno de los escasos preceptos incluídos en la realización de la pregunta primigénea, ya que no es nada seguro que el Real Madrid no sea causa y/o efecto de un especial mal sobre alguien -este próximo fin de semana, y si don Andrés Iniesta no lo remedia, su repulsivo juego puede ser causa de mucho mal sobre los simpatizantes de cierto equipo azulgrana-; ante esa posibilidad, digo, habría de elegir otra respuesta. Y héla aquí, protagonizando la última entrada bílica de este mes abril, surgida, para variar, del odio que siento hacia ciertas cosas que para el grueso de la población quizás no sean especialmente repudiables. Pero el grueso de la población no tiene un blog en el que debe expresar semanalmente sus fobias.
Señoras y señores, queridísimos sapiens, no soporto, me saca de quicio, odio, en fin, la utilización simultánea de dos idiomas, empleada con especial virulencia en lo que al nombre de las localidades se refiere, colocando toponimia de dos lenguas disintas en la misma frase, el mismo mapa, etc.
¿Por qué cojones, si una persona está hablando en castellano, ha de decir Girona o Donostia? Es tan brutalmente absurdo como lo sería que alguien que se estuviese expresando en vasco dijera San Sebasián en medio de su frase, o que un catalán metiese Lérida en lugar de Lleida camuflada al usar su idioma.
Y no me vengan con que catalán, gallego, vasco y turolense son lenguas oficiales de España. Introducir palabras de un idioma mientras se está hablando otro en el que esas palabras tienen su forma de expresarse es, directamente, de retrasados mentales. ¿O no les parecería que a un corresponsal que iniciara su crónica con un "Buenas tardes desde London" le falta un hervor? O dos o tres.
Opino que todo se debe a estúpidos complejos, a que determinados pringadillos con atribuciones sorprendentemente elevadas para su capacidad intelectual han identificado todo lo que huele a España con rancia ultraderecha (no les falta razón, pero prácticamente todo lo que huele a política es identificable con fascismo, y en eso no reparan), pero el castellano es simplemente un idioma que nada sabe de política y no tiene la culpa de haber sido utilizado como emblema de ficticios imperios por dictadores ferrolanos.
En definitiva, que mezclar dos idiomas en el mismo contexto es tan ridículo y viene basado en tonterías tan sublimes, que me resulta desquiciante. Pero como soy un buen demócrata y amo las flores y los pajarillos, no me compraré una recortada e iré plató por plató decorándoles el cráneo con perdigones a todos los que diseñan, por ejemplo, los mapas del tiempo. (Que conste que, a pesar del título de la entrada, dudo que gente como Maldonado o el ínclito Brasero tengan nada que ver con los nombres que les ponen a los pueblecitos).
En su lugar, y ya puestos a escribir la toponimia mezclándolo todo como les sale de los mismísimos cojones, opino que deberían de obrar aplicando el idioma nativo para absolutamente todos los lugares del orbe. ¿O es que acaso los gallegos y los catalanes tienen derecho a ver sus pueblos y ciudades rotulados en la oprimida lengua de sus ancestros y, sin embargo, los valencianos no?
Alacant, Castelló y València, con su molón acento hacia atrás, a lo gabacho. ¿Y por qué Vitoria-Gasteiz sí y no Bilbo, Biasteri o Tutera? (Que ahí donde lo ven, son Laguardia y Tudela. Otro día hablaré, si tengo ganas, acerca del mejor oficio del mundo, ser encargado de toponimia de la Academia Vasca de la Lengua, cuyo trabajo consiste en revisar antiguos manuscritos de la época previa a la conquista castellana y la instauración de la represión y después, echarse unos txikitos entre pecho y espalda e inventarse nombres tan elaborados como la mencionada Tutera).
Pero, sin desviar la atención al asunto fundamental de esta entrada, desde Bilis quiero iniciar una campaña pidiendo la total utilización de la toponimia nativa. Que proliferen términos como Cevilla, Xixón, Leganéj o Graná. Y que en los mapas del tiempo la capital de Aragón sea denominada de la forma en que el oprimido pueblo maño -a esos sí que la unión con Castilla y la actual preponderancia económica catalana han arruinado su gloriosa historia medieval- ha llamado siempre a su ciudad. O sea, Zárágózá, acentuada en todas sus sílabas. Y que sea rotulada con mayúsculas bien grandes, para que se entienda que lo dicen gritando.
Y yendo más allá, si he de soportar lo que para mis opresores oídos de castellanoparlante resulta cacofonísima expresión como es A Coruña, les dos doy opciones antes de comenzar la lucha armada: o bien los españoles se buscan un idioma y dejan el castellano como lengua nativa en La Rioja -o mejor aún, nativa tan sólo del valle del Cárdenas, o sólo de San Millán de la Cogolla, puestos a fomentar localismos paletos lo hacemos como Dios manda- o serigrafían desde ya todas las señales de tráfico en nuestra lengua autóctona.
Ya lo saben, les doy dos meses para que obsequien a mi vista con carteles en los que se lea Güércanos, Bañitos, La Aldea, Caláurra, Ribaflecha, Recílla, Beloráu u Ojoculo. Si no, buscaré la recortada.
Tiembla, Mario Picazo.
jueves, 23 de abril de 2009
Año 1 d.B. (después de 'Bilis')
Tengo la sana costumbre de odiar mucho, y cada día más.
Decíamos ayer... ¡y ya hace un añito! Con esas palabras empezó, tal día como hoy del año pasado, el caminar de Bilis, la chispa de la vida. Y, como no podía ser de otra forma, es algo que servidor debía reseñar en esta conmemorativa fecha. Y lo hago, con un par, citándome a mí mismo, comparando en el título de la entrada de hoy el aniversario de este panfleto con el inicio de la era cristiana y parafraseando a Fray Luis de León. Si uno mísmo no le da ínfulas de grandeza a su blog, ¿quién lo va a hacer?
En estos trescientos sesenta y cinco días, y a lo largo de las cincuenta y cuatro entradas - ¡a más de una por semana, y luego aún hay quien tiene la poca vergüenza de decir que soy un vago!- que han jalonado esta internética página, multitud de personajillos han pasado por aquí.
Hoy, que es el día del libro, conmemoro con esta nueva entrada -que les permitirá a todos ustedes, zarrapastrosos de la vida sin capacidad económica para comprarse un buen libro impreso en papel, leer algo hoy- aquellos inicios, y recuerdo la memoria de todos cuantos han ido desfilando por aquí. (Por si acaso alguno de ellos, Dios lo quiera, ya está muerto).
Empezamos, un año ha, mencionando a ciertos tipejos que apalizaban gente y lo grababan en sus móviles y proseguimos por temas tan interesantes como la importancia del odio en la sociedad, la repulsiva prensa rosa, la no menos vomitiva prensa seria y sus repugnantes sectarismos fascistoides o la hipocresía en la publicidad.
También le pegamos al palo de los deportes, donde hube de comerme con patatas mi inicial aversión hacia Luis Aragonés después de que Zapatones diera a España una Eurocopa que a mí me proporcionó dos tardes de orgásmicas borracheras.
Y la cosa continuó con fervorosas misivas pidiendo la destrucción de esta magna mierda llamada España en la que nos ha tocado vivir, recuerdos para los muertos más frescos de Iñaki De Juana y sus colegurcios e incluso una referencia a las gentes de los Testigos de Jehová que, todo sea dicho, han sido los únicos de los mencionados en Bilis que se han dignado a responderme.
Con la ilusión que me hubiera hecho un comentario, por pequeño que fuera, de los ayatolás de la revolución iraní, el partido socialista u otros colectivos cualesquiera igualmente odiados por servidor.
Me dió por escribir del insufrible progresío imperante en nuestra descafeinada y cercanísima sociedad, pero también de cosas que pillan muy lejos, o quien sabe si quedan más cercanas de lo que pudiera parecer, como los jueguecitos de guerra de los hijos de puta del Estado de Israel.
No podían faltar en un blog del odio referencias a algunos de los fascistas que nos alimentan la vesícula, como la Cope, los Estados Unidos o Aznar; y, en contrapunto a estos peligrosos hijos de puta, aparecieron por aquí patéticos e inofensivos personajillos de la ralea del ínclito Ramoncín y similares; payasetes que dieron pie a una serie inacabada, basada en el futuro inmediato en que los payasos dominen esta tercera roca a mano derecha, viniendo desde el Sol.
Todo ello, cocinado al ritmo de mi triste prosa y sazonado por pequeñas referencias a la crisis, paranoias deportivas, literarias o conmemorativas de algun hecho resaltable, han ido haciendo de Bilis lo que hoy es: un lugar donde poner mis locuras para que (casi) nadie las lea.
Pero los escasos comentarios recibidos -que, más que probablemente se correspondan con mi escaso número de lectores- no merman mis ganas de seguir odiando a todo y a todos, por lo cual Bilis continuará su gratuíto reparto de amor primaveral entre todo aquel que se acerque a sus lindes.
De todas formas, hágame un favor a mí, que ganaré lectores; hágaselo a usted, que será inmediatamente identificado como un tipo molón que recomienda blogs de alta calidad a sus amistades; y, por qué no, hágale un favor al mundo, que necesita momentos en los que el humor y las venas hinchadas se den la mano.
Comente y publicite mi blog. Hágalo por mí, o por el perro del anuncio de la DGT. Por quien más pena le dé. Que ahora mismo no sé quién de los dos será.
Decíamos ayer... ¡y ya hace un añito! Con esas palabras empezó, tal día como hoy del año pasado, el caminar de Bilis, la chispa de la vida. Y, como no podía ser de otra forma, es algo que servidor debía reseñar en esta conmemorativa fecha. Y lo hago, con un par, citándome a mí mismo, comparando en el título de la entrada de hoy el aniversario de este panfleto con el inicio de la era cristiana y parafraseando a Fray Luis de León. Si uno mísmo no le da ínfulas de grandeza a su blog, ¿quién lo va a hacer?
En estos trescientos sesenta y cinco días, y a lo largo de las cincuenta y cuatro entradas - ¡a más de una por semana, y luego aún hay quien tiene la poca vergüenza de decir que soy un vago!- que han jalonado esta internética página, multitud de personajillos han pasado por aquí.
Hoy, que es el día del libro, conmemoro con esta nueva entrada -que les permitirá a todos ustedes, zarrapastrosos de la vida sin capacidad económica para comprarse un buen libro impreso en papel, leer algo hoy- aquellos inicios, y recuerdo la memoria de todos cuantos han ido desfilando por aquí. (Por si acaso alguno de ellos, Dios lo quiera, ya está muerto).
Empezamos, un año ha, mencionando a ciertos tipejos que apalizaban gente y lo grababan en sus móviles y proseguimos por temas tan interesantes como la importancia del odio en la sociedad, la repulsiva prensa rosa, la no menos vomitiva prensa seria y sus repugnantes sectarismos fascistoides o la hipocresía en la publicidad.
También le pegamos al palo de los deportes, donde hube de comerme con patatas mi inicial aversión hacia Luis Aragonés después de que Zapatones diera a España una Eurocopa que a mí me proporcionó dos tardes de orgásmicas borracheras.
Y la cosa continuó con fervorosas misivas pidiendo la destrucción de esta magna mierda llamada España en la que nos ha tocado vivir, recuerdos para los muertos más frescos de Iñaki De Juana y sus colegurcios e incluso una referencia a las gentes de los Testigos de Jehová que, todo sea dicho, han sido los únicos de los mencionados en Bilis que se han dignado a responderme.
Con la ilusión que me hubiera hecho un comentario, por pequeño que fuera, de los ayatolás de la revolución iraní, el partido socialista u otros colectivos cualesquiera igualmente odiados por servidor.
Me dió por escribir del insufrible progresío imperante en nuestra descafeinada y cercanísima sociedad, pero también de cosas que pillan muy lejos, o quien sabe si quedan más cercanas de lo que pudiera parecer, como los jueguecitos de guerra de los hijos de puta del Estado de Israel.
No podían faltar en un blog del odio referencias a algunos de los fascistas que nos alimentan la vesícula, como la Cope, los Estados Unidos o Aznar; y, en contrapunto a estos peligrosos hijos de puta, aparecieron por aquí patéticos e inofensivos personajillos de la ralea del ínclito Ramoncín y similares; payasetes que dieron pie a una serie inacabada, basada en el futuro inmediato en que los payasos dominen esta tercera roca a mano derecha, viniendo desde el Sol.
Todo ello, cocinado al ritmo de mi triste prosa y sazonado por pequeñas referencias a la crisis, paranoias deportivas, literarias o conmemorativas de algun hecho resaltable, han ido haciendo de Bilis lo que hoy es: un lugar donde poner mis locuras para que (casi) nadie las lea.
Pero los escasos comentarios recibidos -que, más que probablemente se correspondan con mi escaso número de lectores- no merman mis ganas de seguir odiando a todo y a todos, por lo cual Bilis continuará su gratuíto reparto de amor primaveral entre todo aquel que se acerque a sus lindes.
De todas formas, hágame un favor a mí, que ganaré lectores; hágaselo a usted, que será inmediatamente identificado como un tipo molón que recomienda blogs de alta calidad a sus amistades; y, por qué no, hágale un favor al mundo, que necesita momentos en los que el humor y las venas hinchadas se den la mano.
Comente y publicite mi blog. Hágalo por mí, o por el perro del anuncio de la DGT. Por quien más pena le dé. Que ahora mismo no sé quién de los dos será.
lunes, 6 de abril de 2009
Apología del líquido elemento
Se acerca la Semana Santa. La tenemos ya casi encima, y a pesar de ello no tocaremos hoy temas religiosos, que dejaré para posteriores entradas -últimamente los obispos se están poniendo de un cachondo que parece que traten de hacer méritos para ser protagonistas de Bilis día si, día también.
Sin embargo si que le daremos hoy al segundo palo más difundido en estas fechas tras saetas, procesiones y demás muestras de ibérico culto a los cielos. Que no es otro que el bebercio. Primavera, clima agradable y estancias en lugares en los que para los vecinos resultas tan conocido como la tabla del dos lo es para un participante de 'Hombres, mujeres y viceversa', hacen de estas fechas la época perfecta para que el personal olvide los problemas de sus azarosas peripecias vitales y se lance a una descontrolada orgía de cubatas en el postre y calimochos para desayunar.
Mucho se ha hablado de los daños que puede causar el excesivo consumo de alcohol, pero mientras no te encuentres con un volante en las manos y un acelerador en los pies, el alcohol no es más perjudicial que otras muchas drogas duras, como ver partidos del Valencia, votar, o escuchar el programa de Federico Jiménez Losantos; éstas unánimemente asumidas e incluso libremente practicadas en público por nuestra hipócrita sociedad.
No sé si les suena una peculiar teoría acerca de las manadas de ñus. Éstas se mueven a la velocidad que marcan sus miembros más débiles; así, cuando los leones cazan a los ñus enfermos, viejos o vagos, el resto de la manada se fortalece, y después de eliminar a esa marginal escoria (cuán hitleriana resulta esa expresión, céntrese que hablamos de ñus, no me vayan a malinterpretar) se hace más rápida y resistente, con lo que puede resistir mejor los sucesivos ataques de los leones. Aunque imagino que, éstos, fortalecidos tras haberse comido a los primos de los ñus que quedan vivos, también tendrán más velocidad y resistencia para volver de nuevo a la caza.
Y así la naturaleza, que es sabia, mantiene su ancestral equilibrio y patatín patatán. Como ustedes, vagos redomados que invierten el espacio de tiempo comprendido entre las dos y las siete de la tarde en fomentar ese espléndido invento español llamado siesta, jamás habrán visto un documental de bichitos y no captarán las profundas consecuencias del ejemplo que les acabo de plantear, lo repetiré con otros protagonistas más cercanos a su modus vivendi. Porque aquí, en Bilis, estamos para servirles.
Inmaginen -o quizá ni siquiera deban imaginar y les baste con limitarse a recordar cómo transcurrió el cercano fin de semana ahora que, aún lunes, puede que guarden algún somero recuerdo de él- que introducen ustedes en su cuerpo una cantidad de alcohol que escandalizaría a Massiel tras un garbeo por la Oktöberfest.
Siempre nos han vendido que el alcohol es malo para la salud, al igual que los ataques de los leones para las manadas de ñus, pero siguiendo la misma lógica aplastante podemos afirmar que engancharse una melopea tal que el individuo no sea capaz de distinguir a su padre de su madre, no sólo no es dañino, sino que beneficia la salud.
Cada chato de vino, cada corto de cerveza, cada vaso de güiski, cada trago de pacharán casero de esos que llevan tanto anís que las endrinas, asustadas, han decidido huir de la botella, ponen una piedra en ese magno edificio que es la destrucción neuronal.
Pero, ¿quiénes son los que caen bajo la aplastante fuerza de las hordas etílicas? ¿Nuestras más sabias y trabajadoras neuronas? Pues no. De la misma manera que el que iba justo de parné acaba durmiendo entre cartones y que la Duquesa de Alba y la reina Sofía son las últimas en darse por aludidas cuando golpea la crisis económica, así cede nuestro cerebro ante los constantes envites de los líquidos elementos.
Las neuronas más lentas, viejas o traicioneras, aquellas que obcecadamente se empeñan en llevar la voz cantante durante los meses de febrero y junio, acarreando los desastrosos resultados académicos que de este golpe de Estado de la estulticia cabía esperar; ésas neuronas y no otras, son destruídas.
Así, después de cada pérdida de consciencia pacharanil, de cada lanzamiento al palo del coma etílico, el sistema nervioso sale fortalecido, y los domingos por la mañana la mente se siente limpia, reforzada y poderosa tras la nocturna purga estalinista de neuronas disidentes del objetivo general, que no es otro que el saber, la horonable ansia de adquirir conocimientos.
Todo esto viene a cuento de que, siguiendo al pie de la letra mi propia y absurda teoría, pienso ser testigo de cómo siete (u ocho) personajes destruyen tal cantidad de neuronas defectuosas que es probable que, a partir del lunes de Pascua, y ya sin el lastre de esas células ineficaces cargadas de ineptitud, tomen las riendas de la Humanidad. La cuadratura del círculo y una plaza de catedrático son, pues, objetivos más que asumibles.
Puede que la puta naturaleza, que a parte de ser sabia es un poco cabrona, trate de apartarme de mi nuevo puesto laboral con la tan temida resaca, pero no duden de que pondré todo mi buen hacer para que la siguiente entrada de Bilis sea tecleada por servidor desde el rectorado de Oxford.
Les espero aquí la próxima semana. La puerta, queridos lectores, estará abierta. Así que pasen y beban.
Sin embargo si que le daremos hoy al segundo palo más difundido en estas fechas tras saetas, procesiones y demás muestras de ibérico culto a los cielos. Que no es otro que el bebercio. Primavera, clima agradable y estancias en lugares en los que para los vecinos resultas tan conocido como la tabla del dos lo es para un participante de 'Hombres, mujeres y viceversa', hacen de estas fechas la época perfecta para que el personal olvide los problemas de sus azarosas peripecias vitales y se lance a una descontrolada orgía de cubatas en el postre y calimochos para desayunar.
Mucho se ha hablado de los daños que puede causar el excesivo consumo de alcohol, pero mientras no te encuentres con un volante en las manos y un acelerador en los pies, el alcohol no es más perjudicial que otras muchas drogas duras, como ver partidos del Valencia, votar, o escuchar el programa de Federico Jiménez Losantos; éstas unánimemente asumidas e incluso libremente practicadas en público por nuestra hipócrita sociedad.
No sé si les suena una peculiar teoría acerca de las manadas de ñus. Éstas se mueven a la velocidad que marcan sus miembros más débiles; así, cuando los leones cazan a los ñus enfermos, viejos o vagos, el resto de la manada se fortalece, y después de eliminar a esa marginal escoria (cuán hitleriana resulta esa expresión, céntrese que hablamos de ñus, no me vayan a malinterpretar) se hace más rápida y resistente, con lo que puede resistir mejor los sucesivos ataques de los leones. Aunque imagino que, éstos, fortalecidos tras haberse comido a los primos de los ñus que quedan vivos, también tendrán más velocidad y resistencia para volver de nuevo a la caza.
Y así la naturaleza, que es sabia, mantiene su ancestral equilibrio y patatín patatán. Como ustedes, vagos redomados que invierten el espacio de tiempo comprendido entre las dos y las siete de la tarde en fomentar ese espléndido invento español llamado siesta, jamás habrán visto un documental de bichitos y no captarán las profundas consecuencias del ejemplo que les acabo de plantear, lo repetiré con otros protagonistas más cercanos a su modus vivendi. Porque aquí, en Bilis, estamos para servirles.
Inmaginen -o quizá ni siquiera deban imaginar y les baste con limitarse a recordar cómo transcurrió el cercano fin de semana ahora que, aún lunes, puede que guarden algún somero recuerdo de él- que introducen ustedes en su cuerpo una cantidad de alcohol que escandalizaría a Massiel tras un garbeo por la Oktöberfest.
Siempre nos han vendido que el alcohol es malo para la salud, al igual que los ataques de los leones para las manadas de ñus, pero siguiendo la misma lógica aplastante podemos afirmar que engancharse una melopea tal que el individuo no sea capaz de distinguir a su padre de su madre, no sólo no es dañino, sino que beneficia la salud.
Cada chato de vino, cada corto de cerveza, cada vaso de güiski, cada trago de pacharán casero de esos que llevan tanto anís que las endrinas, asustadas, han decidido huir de la botella, ponen una piedra en ese magno edificio que es la destrucción neuronal.
Pero, ¿quiénes son los que caen bajo la aplastante fuerza de las hordas etílicas? ¿Nuestras más sabias y trabajadoras neuronas? Pues no. De la misma manera que el que iba justo de parné acaba durmiendo entre cartones y que la Duquesa de Alba y la reina Sofía son las últimas en darse por aludidas cuando golpea la crisis económica, así cede nuestro cerebro ante los constantes envites de los líquidos elementos.
Las neuronas más lentas, viejas o traicioneras, aquellas que obcecadamente se empeñan en llevar la voz cantante durante los meses de febrero y junio, acarreando los desastrosos resultados académicos que de este golpe de Estado de la estulticia cabía esperar; ésas neuronas y no otras, son destruídas.
Así, después de cada pérdida de consciencia pacharanil, de cada lanzamiento al palo del coma etílico, el sistema nervioso sale fortalecido, y los domingos por la mañana la mente se siente limpia, reforzada y poderosa tras la nocturna purga estalinista de neuronas disidentes del objetivo general, que no es otro que el saber, la horonable ansia de adquirir conocimientos.
Todo esto viene a cuento de que, siguiendo al pie de la letra mi propia y absurda teoría, pienso ser testigo de cómo siete (u ocho) personajes destruyen tal cantidad de neuronas defectuosas que es probable que, a partir del lunes de Pascua, y ya sin el lastre de esas células ineficaces cargadas de ineptitud, tomen las riendas de la Humanidad. La cuadratura del círculo y una plaza de catedrático son, pues, objetivos más que asumibles.
Puede que la puta naturaleza, que a parte de ser sabia es un poco cabrona, trate de apartarme de mi nuevo puesto laboral con la tan temida resaca, pero no duden de que pondré todo mi buen hacer para que la siguiente entrada de Bilis sea tecleada por servidor desde el rectorado de Oxford.
Les espero aquí la próxima semana. La puerta, queridos lectores, estará abierta. Así que pasen y beban.
martes, 31 de marzo de 2009
La mitad más uno
A pesar de lo que ustedes puedan creer, queridos simios venidos a más, Bilis, como producto intestinal de otro primate que trata infructuosamente de alcanzar un grado estándar de desarrollo cognitivo, se esfuerza periódicamente para proporcionarles, entre párrafos concisos y se fácil lectura, esa dosis de alegría que mora en cualquier recóndito bujero de este valle de lágrimas. Porque, si fue posible vislumbrar el bien en el alma de Gollum o ciertos rudimentos de psicomotricidad en los desplazamientos de Paquirrín, también es posible encontrar la diversión en los lugares más insospechados; e incluso en la política puede uno hallar apasionantes momentos de humor. Y de ello les hablaré hoy.
Sin lugar a dudas, el aspecto más divertido de la democracia parlamentaria que los españoles, en modélico y singular caso de transición desde una dictadura católico-fascista hacia lo que sea que tenemos ahora tuvimos a bien darnos y bla bla bla bla bla, -incluso por encima de la elección a dedo de los presidentes de las diputaciones provinciales o la inversión de ingentes cantidades de dinero público en el mantenimiento de jocosas sagas familiares con las que bautizar torneos deportivos- es aquel en el que, tras unas horas de cierta incertidumbre durante el recuento de la voluntad popular (al menos de aquella parte de la voluntad popular que aboga por situar a un número variable de ladrones para que se rían de nosotros en lugar de echarlos a los licaones para que les arranquen a bocados la bolsa escrotal), el arcano sortilegio de las matemáticas regresa, lenta pero fluída e irremediablemente, para apoderarse del mundo de los hombres.
Y así, gracias a los dogmas pitagóricos, a los fundamentos euclídeos, y a que seis huevos son media docena, tradicionales enemigos irreconciliables tratan de engañarse los unos a los otros para, merced a ciertas concesiones que pueden variar entre la presidencia de un parlamento regional, la gestión del lupanar en que ejercen sus santas madres, o permitir que les perforen alegremente los esfínteres, alcanzar la mágica, insondable y poderosa cifra conocida como la mitad más uno.
El caso más reciente ha llegado tras las elecciones autonómicas en el País Vasco (también conocido como Euskal Herria, Opresión Land o Mi Amada Patria de la Que Huyo En Cuanto Tengo Veinte Minutos De Vacaciones Para Invadir El Valle Del Oja). Allí, merced a que, por azares del destino, porque los votos de un alavés tienen más valor que los de un guipuzcoano o un vizcaíno, o porque al personal se le ha ido definitivamente la cabeza, se ha producido la impensable conjunción astral que permite que los escaños ocupados por los progres filonacionalistas del PSE-EE, los nietos del poductor de "Guernica, o el Imperio Español contra unas peligrosas abuelas de caserío" y los guionistas de "Cómo tratar de robar un idioma durante cuarenta años y acabar construyendo un vivero de pistoleros" y los españolazos sin ideología aparente de UPyD, puedan sumar treinta y ocho de los setenta y cinco escaños en liza.
Useasé, la mitad más uno con la que lograr, tras veintitantos años de merendola nacionalista, meter el morro en la tarta de la Comunidad Autónoma más rica de España. Anda que no tenían ganas ni nada.
Patxi López será pues el primer presidente vasco que no comparta la carencia del factor rhesus con primates catarrinos, y lo habrá hecho tras pactar con el enemigo mientras que el hasta hace unos meses era su interesado amigo se descolgaba con mil berrinches que incluían perlas de tan alto calado democrático y aceptación de la voluntad popular y la consiguiente derrota como "ya sea desde el la 'lehendakaritza' o la oposición, el PNV seguirá gobernando"
Cojonudo. Sublime. Pero, ¿qué puede esperarse de un tipo tan entregado al populismo que permite que una ofensa hacia su parecido con Spok Jauna se convierta en el eje central del más bochornoso acto de campaña electoral desde que George W. Bush cambiara votos por niños descuartizados en un mitín electoral sobre un portaaviones con vistas a Bagdad...?
Pues eso, que viendo el plumero del que se va y de los que vienen, Bilis, con sus infalibles dotes proféticas se atreve a adelantar, en primicia mundial, que un vasco pobre, parado o marginado va a seguir siendo igual de desgraciado que lo era antes; que gracias al remate de un rinconero la selección vasca de fútbol arrancará un valioso empate cuando juegue contra Vietnam en las próximas navidades; que ETA, cómo no, seguirá matando; y que si vives en un prado entre vacas y robles te van a meter una locomotora a trescientos por hora por medio del establo te pongas como te pongas.
Es decir, que una vez más, todo cambiará para que todo siga igual. Y si algo puede salir mal, saldrá. ¿O acaso puede esperarse otra cosa de un matrimonio contra natura entre dos enemigos irreconciliables, tan acostumbrados a tirarse los trastos a la cabeza como a respirar, que ahora se juntan con el único objetivo de escalar unos peldaños en la pirámide del robo y la mentira que es la política?
Pues no. Unos son hienas y los otros chacales; y sólo aguantarán sin lanzarse dentelladas a la yugular mientras haya carroña para todos. Y mientras se nos cagarán por los rincones todo lo que puedan.
Sin lugar a dudas, el aspecto más divertido de la democracia parlamentaria que los españoles, en modélico y singular caso de transición desde una dictadura católico-fascista hacia lo que sea que tenemos ahora tuvimos a bien darnos y bla bla bla bla bla, -incluso por encima de la elección a dedo de los presidentes de las diputaciones provinciales o la inversión de ingentes cantidades de dinero público en el mantenimiento de jocosas sagas familiares con las que bautizar torneos deportivos- es aquel en el que, tras unas horas de cierta incertidumbre durante el recuento de la voluntad popular (al menos de aquella parte de la voluntad popular que aboga por situar a un número variable de ladrones para que se rían de nosotros en lugar de echarlos a los licaones para que les arranquen a bocados la bolsa escrotal), el arcano sortilegio de las matemáticas regresa, lenta pero fluída e irremediablemente, para apoderarse del mundo de los hombres.
Y así, gracias a los dogmas pitagóricos, a los fundamentos euclídeos, y a que seis huevos son media docena, tradicionales enemigos irreconciliables tratan de engañarse los unos a los otros para, merced a ciertas concesiones que pueden variar entre la presidencia de un parlamento regional, la gestión del lupanar en que ejercen sus santas madres, o permitir que les perforen alegremente los esfínteres, alcanzar la mágica, insondable y poderosa cifra conocida como la mitad más uno.
El caso más reciente ha llegado tras las elecciones autonómicas en el País Vasco (también conocido como Euskal Herria, Opresión Land o Mi Amada Patria de la Que Huyo En Cuanto Tengo Veinte Minutos De Vacaciones Para Invadir El Valle Del Oja). Allí, merced a que, por azares del destino, porque los votos de un alavés tienen más valor que los de un guipuzcoano o un vizcaíno, o porque al personal se le ha ido definitivamente la cabeza, se ha producido la impensable conjunción astral que permite que los escaños ocupados por los progres filonacionalistas del PSE-EE, los nietos del poductor de "Guernica, o el Imperio Español contra unas peligrosas abuelas de caserío" y los guionistas de "Cómo tratar de robar un idioma durante cuarenta años y acabar construyendo un vivero de pistoleros" y los españolazos sin ideología aparente de UPyD, puedan sumar treinta y ocho de los setenta y cinco escaños en liza.
Useasé, la mitad más uno con la que lograr, tras veintitantos años de merendola nacionalista, meter el morro en la tarta de la Comunidad Autónoma más rica de España. Anda que no tenían ganas ni nada.
Patxi López será pues el primer presidente vasco que no comparta la carencia del factor rhesus con primates catarrinos, y lo habrá hecho tras pactar con el enemigo mientras que el hasta hace unos meses era su interesado amigo se descolgaba con mil berrinches que incluían perlas de tan alto calado democrático y aceptación de la voluntad popular y la consiguiente derrota como "ya sea desde el la 'lehendakaritza' o la oposición, el PNV seguirá gobernando"
Cojonudo. Sublime. Pero, ¿qué puede esperarse de un tipo tan entregado al populismo que permite que una ofensa hacia su parecido con Spok Jauna se convierta en el eje central del más bochornoso acto de campaña electoral desde que George W. Bush cambiara votos por niños descuartizados en un mitín electoral sobre un portaaviones con vistas a Bagdad...?
Pues eso, que viendo el plumero del que se va y de los que vienen, Bilis, con sus infalibles dotes proféticas se atreve a adelantar, en primicia mundial, que un vasco pobre, parado o marginado va a seguir siendo igual de desgraciado que lo era antes; que gracias al remate de un rinconero la selección vasca de fútbol arrancará un valioso empate cuando juegue contra Vietnam en las próximas navidades; que ETA, cómo no, seguirá matando; y que si vives en un prado entre vacas y robles te van a meter una locomotora a trescientos por hora por medio del establo te pongas como te pongas.
Es decir, que una vez más, todo cambiará para que todo siga igual. Y si algo puede salir mal, saldrá. ¿O acaso puede esperarse otra cosa de un matrimonio contra natura entre dos enemigos irreconciliables, tan acostumbrados a tirarse los trastos a la cabeza como a respirar, que ahora se juntan con el único objetivo de escalar unos peldaños en la pirámide del robo y la mentira que es la política?
Pues no. Unos son hienas y los otros chacales; y sólo aguantarán sin lanzarse dentelladas a la yugular mientras haya carroña para todos. Y mientras se nos cagarán por los rincones todo lo que puedan.
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